Nuevo libro de Victoria de Stefano
“Cuadernos de crítica y ensayo” se llama la colección del Instituto de Investigaciones literarias “Gonzalo Picón Febres” de la Universidad de los Andes. El primer título fue La fe de los traidores, de Miguel Ángel Campos, libro que
comentamos con entusiasmo en Ala de cuervo. Ahora es La refiguración del viaje, (Mérida, Venezuela, 2005), de Victoria de Stefano. Con este inicio esplendoroso se auguran éxitos a granel.
Dentro de 50 años (o cuándo sea), en el momento en que alguien quiera ocuparse de la señora de Stefano va a citar este libro. La refiguración del viaje va a ser uno de sus libros más citados porque está lleno de ars poetica. Y también porque este libro es la señora de Stefano. Con esto bastaría, pero hay que añadir que Arnaldo E. Valero acierta ciento por ciento en su estupenda presentación. La refiguración del viaje conmueve, emociona y entusiasma: la señora de Stefano está en su momento de esplendor creativo. Como bien lo observa el prologuista, es el ahora de la señora de Stefano.
Libro sobre Fernando Báez en España
El libro se titula Dossier Fernando Báez: Entre la ceniza y la palabra (Muñoz Herrera, Ignacio-Aguilera, Leonor, editores, Valladolid, 2005, 210 págs.). El autor es Alejandro Zerpa, argentino, master en Literatura Latinoamericana. El volumen recoge notas y entrevistas hechas a Báez tras la publicación de sus libros sobre la destrucción cultural en Irak y las ruinas de varias bibliotecas en ese país.
Antonio Reyes presentó su libro La luna azul. Cuentos desde Tetuán

Se presentó en el salón de actos de la FUNDACIÓN CABALLERO BONALD de Jerez (Cádiz-Andalucía-España, calle Caballeros, 17) el libro La luna azul. Cuentos desde Tetuán, de Antonio Reyes, miembro del Consejo de Redacción de la revista digital Pliegos de Opinión.
Editado por la Fundación Municipal de Cultura de Algeciras “José Luis Cano”, este volumen abre la colección “Al kalima” (“La palabra”), en la que, con el objetivo de ahondar en las relaciones entre España y Marruecos, tendrán cabida textos de uno y otro lado del Estrecho. El acto fue introducido por el catedrático y arabista Pedro Martínez Montávez.
Una alberca en la luna, cien haikús de Raúl Henao
Por Humberto Senegal*
¿Cuántos, de quienes en Colombia han escrito haikú por curiosidad literaria, por afinidades estéticas con tal forma poética, o por atrapar en su brevedad la virtud reveladora de la síntesis, continúan fieles a dicha expresión zen del mundo y la poesía? No creo que pasen de diez. Chuang Tzu dice que el propósito de las palabras es trasmitir ideas, y cuando las ideas se han comprendido, las palabras se olvidan. ¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras?. Con ese me gustaría hablar. En Colombia, esta decena de poetas sabe hablar en silencio, desde el silencio y con el silencio, porque para ellos el haikú es la poesía cuya revelación sucede más allá del desfile de versos y la profusión de estrofas e imágenes.
Igual que ocurrió con algunos poetas de generaciones pretéritas en nuestro país, quienes cultivaron el haikú sin entender su esencia, distantes del espíritu zen y taoístas del mismo, aunque escribieron docenas de estos estimulados, en su época, más por el tono occidental que le dieron sus pioneros latinoamericanos influidos por los hábitos del modernismo, la vanguardia y el postmodernismo hispanoamericanos, muchos otros poetas contemporáneos cedieron al encanto de su escritura. De segunda y tercera manos, leyeron algo al respecto, no siempre en adecuadas traducciones ni mucho menos en su idioma original, para después olvidarse del género. O subvalorarlo. O considerarlos una forma menor de poesía. Por estos cauces fluye la historia del haikú en Colombia.
Sin embargo, no somos ajenos a la corriente mundial contemporánea del haikú. En Colombia, de manera solitaria, silenciosa e individual por cuantos aprovechan los innumerables textos zen que se traducen hoy por hoy, encontramos excepciones, como sucede con el poeta Raúl Henao. Su larga incursión en el haikú le ha llevado a producir una obra no muy extensa, pero sí con poemas de este corte donde se descubre a un virtuoso de la sutilidad y la nota suave, expuestas con un lenguaje poético de contornos sencillos:
En la corteza del árbol.
Frases de amor.
Borrar el tiempo.
Para dar cuenta de su conciencia lúcida mediante el haikú, este poeta no atiende a la ortodoxia de la pauta silábica (5-7-5), en lo cual camina al lado de centenares de poetas orientales y occidentales que no adaptan su métrica a tal parámetro, sin que por ello se aparten de lo que podemos enunciar como la estructura interna del haikú.
Noche de junio.
Es césped
la niebla.
La experiencia poética y estética de Raúl Henao, dentro del haikú, se produce en Colombia sin el más leve ruido, sin altisonancias, a pesar de construir con su trabajo constante en el género un diáfano universo literario de tendencia espiritual, incluido de manera natural en un mundo poético formal e ideológicamente definido. En este libro, hay presencia cultural e investigativa, junto a preciosos destellos de intuición y sensibilidad:
Noche cerrada.
Festejan los murciélagos
en el pomar.
Como dijera Chuang Tzu: “¿Dónde puedo encontrar un hombre que haya olvidado las palabras?” Creo que cuando le da materialidad literaria a sus haikús, Raúl es ese poeta con quien puede uno comunicarse sin palabras. Este es un escritor que por su poesía polifacética y polifónica; por sus búsquedas literarias y su expresión creadora que no acepta ni impone vasallajes poéticos de ninguna índole; por ese radiante luciferismo que enriquece y singulariza su obra en un país de poetas a la deriva por las palabras, por la figuración social y por el exceso de artificios, parece, a simple vista, el poeta menos apto para escribir haikú y serle fiel entre las exigencias y modas contemporáneas. Quienes seguimos su trayectoria en el cultivo del haikú, forma que frecuenta sin prisa y sin excesos desde varios lustros atrás, siguiendo el consejo de Lao Tzu: “Deja que todas las cosas prosigan su curso natural”, reconocemos en Henao a uno de los más serios, profesionales y auténticos haiyines de Colombia. Esta recopilación de haikús suyos que anduvieron dispersos por revistas y periódicos, señala así en conjunto la virtud de su oficio en el cual su técnica artística consiste en ejercer una disciplina espontánea o una espontaneidad disciplinada, cualidad que caracteriza a Raúl cuando camina la existencia bajo la luz del haikú. Ese reconocimiento a su oficio, ya lo hizo la poetisa y escritora griega Zoe Savina al incluir seis haikús de Raúl, con traducción al griego, en su INTERNATIONAL ANTHOLOGY HAIKU “the leaves are back in the tree”, editado en Atenas en 2002, una de las más notables antologías mundiales del haikú publicadas en el presente siglo.
De algo tiene certeza Raúl Henao cuando escribe haikú: Como el mundo no va a ninguna parte, no hay prisa:
Vivos o muertos
De sol
a sol.
No hay prisa para escribirlos. No hay prisa para publicarlos. Muchos menos para ejercer, ante la crítica o los lectores, de haiyín. Uno de los principios importantes en el estudio del arte zen, y en este caso en la escritura del haikú es comprender que la prisa es fatal, con todo cuanto implica para el poeta, pues no hay lugar que alcanzar. Alan Watts, señala que “al no apresurarse, a la vida sin finalidad no se le escapa nada, pues sólo cuando no hay meta ni precipitación los sentidos humanos están plenamente abiertos para recibir el mundo”. Lo reconoce un poema zenrin:
“Los gansos salvajes no se proponen reflejarse en el agua;
El agua no piensa recibir su imagen”.
La vida sin propósito, sus propios eventos o aquellos que observa, se convierten en el tema de este libro que expresa el estado íntimo del poeta de no ir a ninguna parte, caminar sin prisa y sin finalidad en un momento intemporal. El centenar de haikús que Henao selecciona de su vital producción, y que hoy comparte con quienes son capaces de distinguir su peculiar aroma zen, prueban con holgura una vocación natural situada más allá de la simple curiosidad literaria. En estos haikús resalta la presencia no sólo del poeta que investiga y se informa sobre los procesos y la historia de dicha poesía, sino del hombre que para escribir un haikú reconoce, con el maestro Engó, que “si uno ve cuernos tras un seto, sabe que allí hay ganado. Si uno ve humo, sabe que viene del fuego”. Buena parte de estos poemas florecieron gracias no a la acumulación de ideas y conceptos, de teorías occidentales y orientales sobre el haikú, ni al deseo de ser poeta o deslumbrar con la poesía, ni para ser invitado a conferencias o encuentros, sino gracias al ejercicio cotidiano y sencillo de la percepción alerta, de la disciplina espontánea y la espontaneidad disciplinada.
Me agrada pensar que los haikús de Raúl, que conozco desde la década de los años ochenta, son producto de la conversación consigo mismo, como sucedía con el maestro Zuigán. Relata la historia zen que todos los días el maestro Zuigán sostenía la siguiente conversación consigo mismo:
-¡Mestro!
-¿Sí?
-¡Despierta, despierta!
-¡Sí!
-En adelante, no te dejes engañar.
-Sí, sí.
Estos poemas no son ejercicios literarios o poéticos como puede entenderlos quien está poco familiarizado con tal forma del arte zen. Cada uno de ellos, desde su profunda simplicidad, sin ceñirse a la métrica tradicional, pero en la línea de la más pura tradición, tiene las señales de alerta del maestro Zuigán: “!Despierta!”. Advierten al autor y al lector, recordando a uno y otro que el secreto para ver las cosas como son, consiste en deshacerse pronto de los anteojos de colores que la racionalidad, la academia y los condicionamientos ideológicos de cualquier matiz, le ponen al poeta, a todo ser humano. Buen porcentaje de los haikús incluidos, cumplen la exigencia que anota Blyth en su Historia del Haikú: “Ser objetivo, sin dejar de ser subjetivo; específico, pero sin perder la amplitud; sensitivo y, con todo, espiritual. Esta es la meta del haiku”.
El ser como es, sin nada extraordinario ni maravilloso, es la gran maravilla, admitía Sesán. La capacidad de ver las cosas no es de poca monta: ser realmente normal es poco común. En esa normalidad, brota el haikú y aparece desnudo, magnífico, ante la mirada del haiyín.
Arroyo de montaña.
Sus aguas me hablaban
porque callaban.
Un instante se parecen
el tiempo
y la eternidad.
Blancura del alba.
Despiertos aún.
Somos sueños.
Haikús limpios, estos de Raúl Henao. Miradas limpias de donde las palabras huyen y escapan las imágenes para no enturbiar el satori del poeta. Nada de pensamiento inútil en ellos, ni de reflexiones existenciales. Nada de análisis, de fingimientos, de intenciones literarias. El poeta deja que el poema se resuelva solo y manifieste en sí mismo cualquiera de los cuatro estados poéticos característicos del arte y la poesía zen, a saber:
Sabi, cuando el momento expresa soledad y quietud:
En el tejado
la lluvia
¡qué callada!.
Wabi, cuando el poeta se siente triste y deprimido, y en esta peculiar vaciedad observa algo corriente y modesto en su
increíble ser-tal:
Vejeces del estanque
me hablan a solas
las ranas.
Aware, cuando el momento evoca una tristeza más intensa y nostálgica, relacionada con la gradual desaparición del mundo:
¿Tanto tiempo? No hay rastro
De la barca abandonada.
En el verdín del estanque.
Yugen, la visión súbita de algo extraño y misterioso que sugiere algo desconocido y que nunca será descubierto:
Árbol viejo del parque.
No regresaron las hojas
¡regresó el petirrojo!
Los actos venerables no admiten ornamentos. La profundidad no admite complejidad. ¿A dónde quieren llegar los largos poemas? El haikú está aquí y ahora, sin partir de ningún lugar, sin prisa hacia sitio alguno, sin interés en llegar, y es entonces cuando se encuentra con el poeta en idénticas situación, hermanándose en el acto creativo, unificándose en el hecho poético de la escritura.
A cada instante irreal
el instante
es la realidad.
Mientras más se adentra alguien en la belleza, más la hace suya, más se sumerge su vida en la belleza y más se acerca a la realidad, y el camino más corto para realizar tal belleza del mundo y de la vida, de la poesía, de la realidad, es el haikú. Este libro es el fruto de tal percepción, del equilibrio de cuerpo y alma, como decía Vogelman, refiriéndose a la razón del haikú. Ignoro por qué, para finalizar esta presentación, llegó a mi memoria el haikú de Borges.
La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.
*Humberto Senegal (seudónimo de Humberto Jaramillo) Poeta, narrador y ensayista de Calarcá, Quindío, Colombia. Entre sus libros publicados figuran: Desventurados los Mansos (cuentos) Ventanas al Nirvana (poesía) Pundarika (poesía Zen). Por largo tiempo dirigió la revista Kanora.
Alire, II Encuentro Internacional de Escritores
Por Patricia Garza Soberanis
De pié: Ivonne Martín, Ime Biassoni, Rosalba De la Cruz, Adria Ruano, Tony Ruano, Zoraida Armengol, Aurora Garza, Eloísa Soberanis y Lucy Cabieles. Abajo: Elías Galati, Marily A. Reyes y Patricia Garza.
Del 13 al 19 de Noviembre se llevó a cabo en Villa Alemana, V Región, Chile, el II Encuentro Internacional de Escritores “Heraldo Orrego”, organizado por ALIRE (Agrupación Literaria Regional), que preside Dora Miranda, a la que asistieron unos 50 participantes entre poetas y escritores de diversos países, como ARGENTINA, PERÚ, COLOMBIA, ECUADOR, ESTADOS UNIDOS, MÉXICO y CHILE, entre otros.
De THE COVE/RINCON tuvimos oportunidad de asistir, desde ESTADOS UNIDOS: nuestra Presidenta Marily A. Reyes, Adria y Tony Ruano, Ivonne Martin y Zoraida Armengol; de COLOMBIA/USA: Lucy Cabieles, Presidenta del XXV Congreso Mundial de Poetas celebrado en Los Angeles, Ca. USA en Agosto pasado; de ARGENTINA: Ime Biassoni, Elías Galati y Martha Schaffner; de MEXICO: Eloísa Soberanis, Aurora Garza, Rosalba De la Cruz y una servidora, además, fueron invitados, compañeros de SIPEA (Sociedad Internacional de Poetas, Escritores y Artistas), de Acapulco, entre ellos Leonardo Flores Salas, Presidente, Silvia Huitrón, Lourdes Oms y Georgina Bermúdez. Así mismo, durante el Encuentro se hizo oficial la designación de Dora Miranda como Delegada del COVE/RINCON CHILE donde se sumó un número importante de nuevos miembros en aquél país.
Balalaika en Clave de Son (o la identidad como recuerdo)
Por Alexánder Obando*
El Salón de Espejos
Cuando Federico Fellini afirmaba: Non voglio dismostrare niente; voglio mostrare, no hacía más que reafirmar la tesis de que el artista, en principio, trabaja sin tesis, o al menos sin el acartonado manual de éticas y deberes que la crítica o público a veces quieren ver en las obras de arte. El artista trabaja con tres elementos que son los que más adelante, si se quiere, desarrollarán una ética; a saber: su talento, sus sentimientos y su memoria.
Estos parecen ser en definitiva los elementos argamasa para la construcción de la Balalaika... elementos que están en toda construcción literaria, pero que rara vez tienen una presencia tan notoria como en esta segunda novela de Adriano Corrales Arias.
Balalaika en Clave de Son es una madeja de recuerdos, un hilo que desatamos lentamente para ir rehilando lo que somos o pretendemos ser; a veces para juzgarnos, otras para disculparnos y en definitiva también para pretender entendernos. Los personajes son protagónicos y no lo son, porque no saben si hablan de sí mismos o de otros, no saben si tienen interlocutor porque quien escucha es a menudo el recuerdo del otro o la otra, no el ser que está frente a ellos y que por virtud del tiempo ya es un otro, un aquel, un Ella o Él cuya presencia es, en el mejor de los casos, simplemente fantasmagórica.
No se trata ya del manido recurso del alter ego al estilo de William Wilson de Poe, sino de un ser infinitamente más trágico en su abulia vital. Los personajes de Corrales son varios y son uno y a ninguno de ellos le interesa gran cosa darse cuenta de si son ellos mismos o no. Tanto es así que se cartean, se ofenden, se aman y se suplican sin cuestionar a fondo jamás quién es quién. En este sentido viven plenamente la multiplicidad posmoderna del yo. No están aquí para destruir a su alter ego y sobrevivir ellos mismos, sino que están como los Ham y Clov de Beckett, tan solo para amarse y odiarse indefinidamente.
El Pequeño Libro Rojo del Amor
El tema político en la novela, fuerte como es, no lleva al lector a una enseñanza política propiamente porque la ética de la Balalaika es la ética de los sobrevivientes, no de los ganadores o perdedores. Estos personajes cuestionan su pasado y las actuaciones tanto de ellos mismos como de sus dirigencias, y aunque hay dolor y nostalgia, no hay ni negación de su pasado ni abandono de sus ideales primarios. Siguen soñando con un mundo mejor, solo que ya no están tan seguros de si eso ocurrirá en el lapso de sus propias vidas.
Ahora bien, son sobrevivientes de un holocausto político, por lo que llevan en sus frentes la marca de Caín, aquella que el vencedor siempre impone a sus enemigos. La marca que ahora llaman “izquierdista reciclado”. Pero por esa marca, de la que tampoco se avergüenzan, llevan muchas otras de mayor valor para ellos: no solo heridas de bala y cicatrices varias, sino las marcas que construyen esta novela: la marca del terror cuando el ser humano se suelta a devorar al ser humano. Y a la marca del amor cuando el ser humano se suelta a amar al ser humano. El resultado de esta fricción es una raza de seres infinitamente más tristes, pero también infinitamente más tiernos que los mal llamados “vencedores”.
Los Engranajes de Este su Silencio
L Las mujeres de esta novela tienen nombre (Lina, Stoika, Tenchy, Alodia) y algunos personajes masculinos secundarios también los tienen como Eugenio y El Planeta, pero el protagonista masculino —sea cual sea de los personajes— nunca aparece por nombre. Esto podría insinuar que el autor esconde su identidad a través de varios narradores protagonistas, pero esta tesis simplista se nos esfuma cuando vemos que las diversas protagonistas femeninas, aunque con nombre propio, son tan desdibujadas y múltiples en esencia como los masculinos. Por eso la novela se conforma con los pronombres Ella y Él, con mayúscula, para permitir un diálogo que de no estar mínimamente identificado solo quedaría en la esfera del ruido que produce el subconsciente. Aún así, hay también capítulos en que los diálogos entre Él y Ella solo se diferencian por punto y seguido empezando con mayúscula. Si el lector parpadea, puede que no sepa quien está hablando. Pero ese, me parece, es el propósito del texto. El desdibujamiento de los diálogos va a la par de una persistente tendencia a enumerar barrocamente lo circundante: bares, cantantes, músicos, barrios, eventos, amigos, etc. Este recurso ayuda a producir ese ruido de fondo que siempre está en lo onírico o lo alcohólico, en todos los mundo liminares en que la conciencia está solo en parte, el espacio que media entre ella y la “realidad” es ese que se llena de enumeraciones y diálogos dispersos, un mundo donde los personajes, de tener cuerpo, serían como esos desnudos semiemborronados que tanto obsesionaron al pintor Francis Bacon. Pero en Adriano Corrales se juntan más elementos que los cuerpos sin definir: está el mundo de los deseos, el de las nostalgias y en definitiva el del desencanto. Por eso la psicología de estos seres siempre es un comienzo pero no un final. El ansia de que las cosas hubieran sido distintas los va borrando como acuarelas en la lluvia. Por eso la Balalaika termina como termina. Nada pasa y siempre queda el deseo.
Esta demás decir que la novela se aleja airosa del lirismo sentimental de la novela romántica o del realismo endémico de la novela política en Costa Rica. Balalaika en Clave de Son es un mundo intermedio entre el amor y el odio, o mejor dicho, es una mezcla del amor y del odio que viven sus personajes. Es íntima y pública, tierna y grotesca. Y una novela así, ya lo sabemos, necesita inventar su propio lenguaje; el lenguaje quizá, que va conformando una nueva sensibilidad.
*Novelista.
Quinta Exposición Internacional de Poemas Póster de Poetas Iberoamericanos contemporáneos 2006 en homenaje a Leopoldo de Luis (1918 – 2005)
Teniendo en cuenta el propósito fundamental de la Academia Iberoamericana de Poesía (A.I.P.) --la difusión de la poesía de los poetas socios de la Academia--, esta Quinta Exposición Internacional de Poemas Póster de Poetas Iberoamericanos Contemporáneos cuenta con el auspicio del Capítulo de Dallas, Texas, EEUU., del Grupo de Fredericton, Canadá y del Registro de Autor@s Creativ@s de la Asociación Canadiense de Hispanistas. La exposición tendrá lugar del 27 y el 30 de mayo de 2006 en York University, Toronto, Canadá, durante la reunión anual de la Asociación Canadiense de Hispanistas
LAS BASES para participar en esta Exposición son las siguientes: 1. Un poema que tenga una extensión máxima de treinta versos (o 30 líneas, por favor contar los espacios entre estrofas). El tema es libre. Tienen que mandar solamente el poema.2. Debe ser enviado antes del 27 de enero de 2006, por correo electrónico a Nela Rio, fundadora y coordinadora de estas exposiciones nelario@rogers.com 3. Debe incluirse, en documento adjunto a) nombre completo y dirección postal; b) breves datos bio bibliógraficos, no más de 80 palabras; b) título del poema; c) el siguiente texto: “Para la Quinta Exposición Internacional de Poemas Póster de Poetas Iberoamericanos Contemporáneos, 2006, en Homenaje a Leopoldo de Luis.”
Poetas del Mundo

Nuestro movimiento crece cada día, porque día a día nuevos miembros se inscriben en Poetas del Mundo, y porque cada día nuevos compañeros aceptan el desafío de comprometerse con la vida y la permanente lucha por la paz en el mundo. Es por eso que ya tenemos Embajadores y Cónsules en numerosos sitios.
Recientemente nuestro colega del Perú, Carlos Garrido Chalén, fue distinguido con el título "Embajador de la Paz" por el Círculo Universal de Embajadores por la Paz con sede en Ginebra (Suiza). Eso nos honra!
Poeta del Mundo,
¡Únete a esta batalla por la existencia humana!
¡Conviértete en el eslabón necesario para que continúe la VIDA!
Luis Arias Manzo
Secretario General