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Elisa Arráiz Lucca va hasta el puerto
de Carúpano para ver llegar a los inmigrantes corsos. Un
siglo XIX efervescente les da la bienvenida a una Venezuela donde
los rumores sobre los movimientos de los caudillos militares copan
la escena. Los apellidos pueden leerse en los bultos: Franceschi,
Raffali, Massiani, Prosperi. Su propio segundo apellido, Lucca,
está escrito allí, sobre otro letrero que indica
Venezuela, América del Sur. En este escenario desembocan
después de un largo viaje personas que portan comportamientos
y modos sociales, proyectos económicos que se vierten sobre
la tierra nueva, especialmente en el cacao.
Historias amorosas, matrimonios no previstos,
productividad acrecentada, generaciones que se suceden ya plenamente
integradas. Nunca antes se había desarrollado una novela
que recogiese la presencia corsa en Venezuela, especialmente en
nuestro Oriente, de manera tan acuciosa. Podemos rastrear los
usos y costumbres de Córcega, pero también los propios
de este país en un siglo XIX recatado socialmente, pero
amenazado por la confrontación civil. Los movimientos militares
se suceden, desde la Guerra Federal hasta la llegada de Juan Vicente
Gómez a la tierra oriental a derrotar los últimos
brotes de caudillismo.
Te pienso en el puerto hace
justicia literaria a un movimiento migratorio no analizado antes
desde el punto de vista de la novela. Elisa Arráiz Lucca
traza, además, un fresco sobre una herencia social desarrollada
en tiempos venezolanos tormentosos.
 
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