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La senda de las flores oblicuas es un enigma.
Tanto como puede serlo Corea a los ojos de una mujer occidental
fascinada por el paisaje y por el exotismo pero incapaz de aprender
el idioma ni los códigos milenarios. Perdida entre callejuelas,
alucinada por los aromas y las impactantes contradicciones, la
protagonista acaba relacionándose con personajes extraídos
de su apetito y con una palabra que como latiguillo la persigue
y la hostiga. ¡Janymacheta! podrán exclamar
los lectores con la mujer de nombre falso a medida que se internen
en esta aventura literaria que anida en un tren hacia Taegu,
en un avión que vuela a los Estados Unidos pero en verdad
hacia la memoria de Caracas; hacia los textos de un escritor
en Chicago, hacia el interior de dos artistas plásticos
latinoamericanos en Seúl y en los retos de identidad que
enfrentan los coreanos.
La senda de las flores oblicuas es una novela
de culta complejidad que hace honor al lema de nuestra editorial.
En ella Eva Feld desliza una trama apasionante que envuelve en
los misterios del Oriente, pero, más aún, en la
lucha psíquica que libra una mujer contra el aburrimiento,
verdadero motor de la historia humana, a decir de Schopenhauer
y Moravia.
 
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